Cruza entre salmones silvestres y escapados de cultivo : Misiles genéticos y ecológicos.
No olvidemos que el salmón Chinook ya es reconocido oficialmente como una pesquería por el SERNAPESCA, normalizándose un desastre ecológico y tratando se hacerlo pasar como un beneficio para el desarrollo turístico de la zona de impacto.

El riesgo del escape de peces de cultivo en Chile ha estado siempre latente y ha ocurrido desde el inicio de la industria. Aún más, en los primeros años se liberaban voluntariamente partidas de peces que por diferentes razones eran descartadas del esquema de producción, en el mal entendido convencimiento de que se hacía un bien al ecosistema acuático o se potenciaba el turismo local con dichas siembras informales.
En la actualidad, los escapes de salmonídeos ocurren principalmente en el medio marino y también lacustre, donde el confinamiento de los peces en balsas jaulas cada vez más grandes aumenta el riesgo. Éstos también ocurren en pisciculturas de manera esporádica y en menor cuantía. El principal motivo es a causa de condiciones climáticas adversas y por errores en los manejos de los peces. Chile lamentablemente ostenta, por lejos, el triste liderazgo mundial en escapes de salmones de cultivo.

Los escapes de salmones representan riesgos genéticos y ecológicos para las poblaciones silvestres. La preocupación siempre se enfocó en la competencia por alimento o hábitat, además del riesgo de transmisión de enfermedades hacia aquellos silvestres, es decir, en el potencial impacto ecológico. Poco y nada se había estudiado el impacto genético causado por eventuales cruzas entre peces escapados de cultivo y sus símiles silvestres, fenómeno llamado “introgresión”. Si bien no existe evidencia de que el salmón del Atlántico (escapado) pueda ser capaz de crear una población autosuficiente en Chile, las probabilidades de que el salmón Coho y la trucha Arcoiris sí lo hagan es bastante mayor, en especial esta última especie, interfiriendo con poblaciones asilvestradas que se importaron hace más de un siglo desde los EEUU. No olvidemos que el salmón Chinook ya es reconocido oficialmente como una pesquería por el SERNAPESCA, normalizándose un desastre ecológico y tratando se hacerlo pasar como un beneficio para el desarrollo turístico de la zona de impacto.
La Inland Fisheries Ireland (IFI), organismo técnico científico de la República de Irlanda y el University College de Cork, acaban de publicar esta semana los resultados de un estudio cuyos resultados dejan perplejo. Develan la primera evaluación exhaustiva del grado de hibridación (cruza) entre el salmón Atlántico silvestre y ejemplares escapados desde centros de cultivo de Irlanda. El análisis observó niveles elevados de genes de peces de cultivo en poblaciones salvajes muestreadas cerca de centros marinos y de pisciculturas de agua dulce. Detectaron además evidencia genética de introgresión de peces escapados desde cultivos en aproximadamente un tercio de las poblaciones de salmón silvestre muestreadas ; un verdadero misil genético y ecológico al patrimonio natural. Se encontraron poblaciones afectadas en toda Irlanda, incluso en zonas alejadas de las principales actividades acuícolas, aunque los niveles más elevados fueron más comunes cerca de los centros marinos y en los ríos donde se ubican las pisciculturas de agua dulce.

Lo anterior ocasiona un amplio impacto a las poblaciones de salmones silvestres. El Dr. Michael Millane, investigador principal del IFI, declaró: «Los salmones cultivados que se escapan representan un riesgo para la sostenibilidad de nuestro salmón Atlántico salvaje, que ya es vulnerable a una amplia gama de presiones. Cuando el salmón de cultivo se cruza con el salmón silvestre, diluye la singular integridad genética que adapta a las poblaciones salvajes a su río de origen. Esta alteración genética puede, en última instancia, reducir las tasas de supervivencia de las descendencias y disminuir la capacidad de adaptación de las poblaciones salvajes a otras presiones que las afectan». Es decir, se genera una pérdida de integridad genética pues los salmones de cultivo se crían selectivamente para un rápido crecimiento en lugar de para favorecer su supervivencia natural. La descendencia presenta menores tasas de supervivencia en la naturaleza y puede diluir las adaptaciones genéticas que los salmones silvestres han desarrollado para sus ríos específicos. Los salmones de origen de cultivo y silvestre son muy diferentes en tamaño, edad de madurez sexual y comportamiento con otros peces, etc. Es por ello que los híbridos de ambos grupos sin duda heredarán aspectos indeseados de los rasgos del progenitor de cultivo que pueden provocar una disrupción al delicado equilibrio natural y la sostenibilidad de la población en el tiempo. La comunidad científica ha señalado que las dos principales amenazas para las poblaciones silvestres de salmón son los piojos de mar y la amenaza de la mezcla genética procedente de salmones de cultivo que se escapan.
El estudio de Irlanda nos debe mover a valorar el real impacto que implican los escapes de salmonídeos, mucho más allá del marginal costo económico que sufre la industria con cada evento. Una buena parte de la solución está en manos de las autoridades del sector. La introgresión así como el establecimiento de poblaciones autosustentables de peces exóticos se pueden anular mediante la implementación de leyes que establezcan la obligatoriedad del cultivo de salmonídeos estériles en centros marinos o lacustres, donde el riesgo de escapes seguirá siendo alto. La tecnología está disponible para ello, solamente falta la voluntad política para defender el bien mayor.
MSc Aquaculture (U. Stirling, Scotland)
Aquaculture Advisor
rodolfo.happyfish@gmail.com