Rodolfo Aguirrebeña repasa los inicios de la sanidad de peces en la salmonicultura chilena
Mundo Acuícola conversó con Rodolfo Aguirrebeña Bocanegra, médico veterinario y uno de los pioneros en el desarrollo de la sanidad de peces en Chile, sobre los primeros años de la introducción del salmón del Pacífico, la evolución del diagnóstico de enfermedades y los aprendizajes que marcaron cinco décadas de salmonicultura nacional.
La sanidad de peces no siempre fue una especialidad dentro de la salmonicultura chilena. Durante los primeros años de desarrollo de la actividad, gran parte del conocimiento se fue construyendo a medida que aparecían nuevos desafíos sanitarios. Rodolfo Aguirrebeña formó parte de esa generación de profesionales.
Su trayectoria fue reconocida el pasado 28 de mayo en Puerto Montt, durante la ceremonia conmemorativa de los 50 años de la salmonicultura chilena, organizada por Mundo Acuícola, instancia en la que recibió un homenaje junto a otros protagonistas que contribuyeron al desarrollo de la industria desde sus primeras etapas.
Su vínculo con el agua comenzó mucho antes de ingresar a la universidad. Creció en la zona de Puyehue, donde pasaba gran parte de su infancia pescando en ríos y conociendo la fauna acuática. Años más tarde, mientras estudiaba Medicina Veterinaria en la Universidad de Chile, ese interés tomó un rumbo definitivo gracias a uno de sus profesores, quien lo acercó al estudio de la fisiología y alimentación de las truchas.
“Desde niño me llamó la atención el mundo acuático”, recuerda. “Aprendí a querer y conocer los peces jugando y pescando en los ríos de la zona de Puyehue donde crecí. Después, mientras estudiaba Medicina Veterinaria, tuve un profesor que me hizo ver la importancia de estudiar profesionalmente la fisiología, el crecimiento y la salud de las truchas”.
Ese interés lo llevó a realizar su práctica profesional en el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), donde trabajó identificando la carga parasitaria de truchas del lago Rupanco. Para entonces, asegura, ya tenía claro cuál sería su camino profesional.
“Durante esa etapa ya sabía que mi orientación estaría ligada a esta nueva y poco conocida área basada en la salud de los peces”.
De Japón a la Patagonia: aprendiendo una industria desde sus orígenes

Poco después se incorporó al proyecto de cooperación entre Chile y Japón (JICA) para la introducción del salmón del Pacífico, desarrollado en la Piscicultura Dr. Shiraishi, en Coyhaique. Allí participó directamente en procesos que hoy forman parte de la historia fundacional de la salmonicultura chilena: recepción de ovas provenientes de Japón, incubación, alimentación, vacunación, liberación de juveniles y seguimiento de su migración hacia el mar.
“El proyecto era muy completo”, recuerda. “Los expertos japoneses nos enseñaban cada etapa del proceso, desde la recepción de las ovas hasta el seguimiento de los peces una vez liberados. Además trajeron equipamiento que, para esa época, era tecnología de punta”.

La instalación de un moderno laboratorio le permitió especializarse en análisis de agua, contenido estomacal y diagnóstico de enfermedades, además de participar en las primeras vacunaciones de peces realizadas en Chile.
Su formación continuó en Japón, donde permaneció durante seis meses trabajando en laboratorios especializados en enfermedades de peces de agua dulce y agua de mar.
“Esa experiencia marcó definitivamente mi especialización. Aprendimos directamente de quienes llevaban muchos años trabajando en sanidad de peces”.
Años más tarde se trasladó a la Región de Los Lagos para integrarse a una empresa privada, donde organizó un equipo de jóvenes médicos veterinarios enfocado en diagnóstico y prevención de enfermedades.

Simultáneamente implementó, junto a profesionales escoceses, un laboratorio de diagnóstico, análisis de alimentos y control de calidad para salmones destinados a exportación, además de desarrollar una unidad experimental donde se evaluaban vacunas, tratamientos y nuevas dietas bajo condiciones controladas.
Innovación, enfermedades y una industria que aprendía haciendo
Aguirrebeña recuerda varios episodios que, a su juicio, marcaron aquellos primeros años de desarrollo.
Uno de ellos fue el exitoso traslado de miles de alevines en avioneta, desde una piscicultura hasta jaulas instaladas en un lago, utilizando bolsas plásticas con oxígeno.
“Era una operación muy riesgosa para la época”, comenta. “Pero resultó completamente exitosa y nos abrió nuevas posibilidades para mover peces entre distintos lugares”.

También destaca el desarrollo de técnicas destinadas a enfrentar los bloom de algas durante la fase de engorda en mar, fenómeno que comenzaba a transformarse en un desafío para las empresas.
Sin embargo, uno de los recuerdos que conserva con mayor claridad ocurrió durante la Navidad de 1987.
“Venía regresando de una capacitación en la Universidad de Stirling, en Escocia, cuando encontré mortalidad en las jaulas con alevines del lago Puyehue. No sabíamos qué estaba pasando”, recuerda. “Observé muestras al microscopio, dibujé el parásito lo más fielmente posible y envié el dibujo por fax a Escocia. Desde allá confirmaron el diagnóstico y pudimos diseñar un tratamiento que comenzó a aplicarse ese mismo 25 de diciembre”.
Otro de los episodios que marcó profundamente su trayectoria fue la aparición del SRS, enfermedad que provocó importantes pérdidas para la industria durante sus primeros años de expansión.
“El impacto fue enorme”, recuerda. “En nuestro laboratorio logramos descubrir el agente patógeno, aislar la bacteria y cultivarla. Posteriormente desarrollamos las bases para enfrentarla”.
Mirando en retrospectiva, Aguirrebeña reconoce que nunca imaginó la dimensión que alcanzaría la salmonicultura chilena.
“Con las bases que fuimos construyendo con esfuerzo e ingenio, Chile logró un desarrollo extraordinario en cantidad, calidad y competitividad”, afirma. “En esos primeros años jamás imaginé hasta dónde llegaría esta industria”.
Un reconocimiento compartido

Al recibir el reconocimiento como pionero de la salmonicultura chilena, asegura que el homenaje representa mucho más que un logro personal.
“Que se me reconozca como uno de los pioneros demuestra que tantos años de estudio y dedicación no fueron en vano”, señala. “Pero este reconocimiento también pertenece a todos los profesionales con los que tuve la suerte de trabajar, a quienes siguen en la industria y también a muchos que ya no están”.
Pensando en las nuevas generaciones, cree que el principal desafío será mantener la capacidad de observar y comprender el comportamiento de los peces frente a un escenario ambiental cada vez más cambiante.
“Nunca dejen de observar el comportamiento del salmón”, concluye. “El calentamiento global es una realidad y les tocará enfrentar desafíos productivos muy distintos. Espero que mantengan el compromiso que tuvo nuestra generación para que Chile siga siendo uno de los líderes mundiales de esta industria”.