Mario Puchi: entre la producción, las crisis y la evolución de la salmonicultura chilena
Mundo Acuícola conversó con Mario Puchi sobre los inicios de AquaChile, la evolución de la salmonicultura chilena, los episodios de crisis que marcaron a la industria y el desarrollo genético impulsado para fortalecer la producción nacional.

Con 75 años y una trayectoria estrechamente ligada al desarrollo de la salmonicultura chilena, Mario Humberto Puchi Acuña forma parte de la generación de profesionales y empresarios que participó directamente en la construcción de una industria que, a mediados de los años ochenta, todavía se encontraba en una etapa temprana y marcada por la incertidumbre. Técnico universitario en pesca, formado en la Universidad Técnica del Estado y oriundo de Coyhaique, su nombre quedó vinculado desde los primeros años al desarrollo de AquaChile, compañía que terminaría consolidándose como una de las principales productoras de salmón del país.
Proveniente de una familia de tradición ganadera en la Patagonia, Puchi desarrolló inicialmente una carrera en el sector público, ligada a materias pesqueras y acuícolas. Durante la década de 1970 trabajó en fiscalización y control, experiencia que -recuerda- le permitió observar tempranamente fenómenos como la marea roja, mucho antes de la expansión industrial del cultivo de salmón.

Sin embargo, hacia mediados de los años ochenta decidió dar un giro profesional. “Me costó”, reconoce. “Me había ido bien en la administración pública, había escalado rápido”. Aun así, existía el deseo de emprender y desarrollar algo propio. “Mi señora me empujó un poco: ‘vamos, vamos’”, recuerda entre risas. En ese entonces, incluso llegó a imaginar un escenario alternativo en caso de fracaso. “Si me iba mal, abriría un restaurante”, comenta. “Me encanta hacer asados”.
Los primeros pasos estuvieron ligados al desarrollo de la piscicultura Agua Buena, en las cercanías de Puerto Fonck, iniciativa impulsada junto a sus hermanos Víctor Hugo y Juan Carlos Puchi, además del ingeniero pesquero Pablo Aguilera y otros actores vinculados al naciente desarrollo salmonicultor. Mientras el grupo avanzaba en agua dulce y producción de smolts, los también pioneros Humberto y Claudio Fisher desarrollaban operaciones de engorda en mar, inicialmente de forma independiente. La complementariedad de ambas experiencias derivó, con el tiempo, en una asociación empresarial que terminaría consolidando AquaChile hacia fines de los años ochenta.
“Fuimos creciendo a una velocidad casi exponencial”, recuerda Puchi. A fines de los años ochenta, la compañía comenzó a consolidarse formalmente bajo el nombre AquaChile -tras un inicio bajo la razón social Desarrollo Piscícola- y durante la década de los noventa experimentó un acelerado proceso de expansión productiva.
En esos años, la empresa pasó de operar unos pocos centros a ampliar sostenidamente su presencia mediante nuevas concesiones y adquisiciones estratégicas. Entre ellas, Aguas Claras, un importante productor de trucha; Aquasan, vinculada principalmente al cultivo de coho; y posteriormente Salmones Magallanes, fortaleciendo su presencia territorial y capacidad de procesamiento.
Aunque reconoce el crecimiento corporativo, Puchi insiste en que nunca dejó de sentirse cercano al trabajo en terreno. “Me gusta producir”, afirma. “Tuve el espacio y el tiempo para desarrollar lo que me gustaba, que era la producción. Y eso no se me quita”.
Crisis, crecimiento y los desafíos de una industria emergente
Pero el desarrollo de AquaChile -y de la industria salmonicultora en general- también estuvo marcado por episodios complejos. Uno de los más exigentes ocurrió a fines de los años noventa y comienzos del nuevo milenio, cuando productores estadounidenses impulsaron acusaciones de dumping contra el salmón chileno.

“Fue largo, tedioso y caro”, recuerda. “Había abogados chilenos, americanos, reuniones, viajes… era una pelea dura”. A su juicio, el proceso obligó a las empresas a defender técnicamente una actividad que, sostiene, se había desarrollado sin subsidios estatales y sobre la base de esfuerzo productivo.
Junto a ello, recuerda también contingencias ambientales que golpearon duramente al sector, como los primeros eventos de florecimientos de algas nocivas, a fines de los 80s.
“El salmón es como el primer fusible”, explica. “Necesita muy buena calidad de agua y buenos niveles de oxígeno. Entonces, cuando pasa algo en el ambiente, el primero que lo resiente es el salmón”. Por lo mismo, considera injusto atribuir exclusivamente a la industria fenómenos históricos como la marea roja. “Existía mucho antes de que hubiera salmones”, recalca.
Al mirar hacia atrás, Puchi reconoce también aprendizajes en el vínculo con comunidades y la opinión pública. “Quizás fallamos en cómo comunicarnos”, admite. “Nos interesaba mucho estar presentes donde trabajábamos, pero no siempre supimos explicar lo que hacíamos o por qué lo hacíamos”.
Aun así, sostiene que uno de los mayores aportes de la salmonicultura estuvo en las personas. “Mucha gente pudo educar a sus hijos”, comenta. Recuerda trabajadores y técnicos que comenzaron junto a la empresa y cuyos hijos terminaron convirtiéndose en médicos, arquitectos o ingenieros. “La oficina era la pieza de servicio de mi casa”, recuerda, aludiendo a los modestos inicios de una compañía que más tarde alcanzaría escala global.
Genética, investigación y una apuesta de largo plazo
Otro de los hitos que considera fundamentales fue el desarrollo genético del salmón Atlántico en Chile. Hacia 1997, preocupado por la dependencia de ovas importadas y los riesgos sanitarios asociados, impulsó, junto al académico Roberto Neira, un programa de mejoramiento genético que terminaría transformándose en una referencia dentro de la industria.
“Uno no solo tiene que producir ovas”, explica. “También tiene que desarrollar los atributos que necesita: velocidad de crecimiento, adaptación, resistencia a enfermedades. Y eso no era algo de corto plazo”.
El proyecto permitió fortalecer capacidades científicas y técnicas, impulsando magísteres, doctorados y especializaciones internacionales a diferentes profesionales de la industria.

“Muchos piensan que los salmoneros lo hicieron solamente por lucro. Sí, una parte sí, pero no era solamente lucro”, reflexiona. “Era desarrollo. Desarrollo e investigación”.
Tras dejar AquaChile, Puchi volvió progresivamente a sus raíces familiares en Coyhaique. Hoy participa en proyectos ligados al mejoramiento genético de ganado Angus, retomando una tradición ganadera que históricamente ha acompañado a su familia. Aunque reconoce diferencias con la salmonicultura, admite que existe un punto de encuentro evidente: el trabajo de largo plazo.
“Volvimos un poco a lo mismo”, comenta sobre su actual actividad, aludiendo al desarrollo genético y la selección de atributos productivos. Lejos de los centros de cultivo, pero aún vinculado al mundo productivo, Mario Puchi observa hoy la salmonicultura desde otra vereda. Una industria marcada por crisis, aprendizajes y transformaciones, pero de cuya construcción -desde sus primeros años- fue protagonista de una generación que ayudó a convertir una actividad incipiente del sur austral en uno de los sectores productivos más relevantes del país.