Fernando Berroeta y la formación de una generación salmonicultora en los inicios de la industria chilena
El académico participó en proyectos pioneros de piscicultura, estudios territoriales y formación de profesionales en los primeros años del desarrollo acuícola en el sur austral.

En paralelo al surgimiento de iniciativas pioneras como la piscicultura Río Pescado, impulsada por Alfredo Valenzuela y Alfonso Muena, en los primeros años de la salmonicultura comercial chilena, Fernando Berroeta Sánchez desarrollaba, desde el ámbito académico, una labor que terminaría marcando a generaciones de profesionales ligados a la acuicultura en el sur del país. Formador de figuras emblemáticas de la industria, como Hugo Cajas, Berroeta construyó una reputación ampliamente reconocida entre sus ex alumnos por una enseñanza exigente, profundamente práctica y orientada a comprender la acuicultura desde el trabajo directo en terreno.
Ingeniero de ejecución en pesquerías de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Fernando Berroeta conoció durante sus años universitarios al voluntario del Cuerpo de Paz Robert Abbott, quien lo acercó a él y a otros estudiantes al mundo de la piscicultura mediante recorridos técnicos y visitas a algunos de los primeros centros de cultivo del país.
En esos recorridos por pisciculturas tempranas, Berroeta recuerda haber conocido de cerca una industria que todavía se encontraba en etapa formativa, donde gran parte de las decisiones técnicas se tomaban con escasa experiencia local y mucho aprendizaje sobre la marcha. En ese contexto, dice, era frecuente observar problemas sanitarios, manejo limitado de enfermedades y diseños de cultivo que posteriormente evidenciarían importantes falencias operacionales.
La piscicultura Río Sur

Con el tiempo, Berroeta comenzó a involucrarse directamente en proyectos de cultivo en el sur austral. Tras asumir como secretario general de la entonces sede Puerto Montt de la Universidad Técnica del Estado, impulsó el desarrollo de la piscicultura Río Sur, iniciativa universitaria levantada prácticamente desde cero junto a estudiantes. Sin grandes recursos, gran parte de la infraestructura fue construida manualmente, utilizando materiales básicos y adaptando soluciones técnicas sobre la marcha.
“Río Pescado ya era conocido porque tenía abundancia de peces, así que decidí recorrerlo completo hasta encontrar un lugar adecuado para instalar una piscicultura. Cuando llegamos al sector de Río Sur vi inmediatamente que ese era el sitio: tenía pendiente, acceso al río y cercanía con el camino. Ahí mismo les dije a los estudiantes que íbamos a construir una piscicultura. Muchos querían participar porque era mucho más entretenido aprender en terreno que quedarse dentro de una sala de clases”, recuerda Fernando Berroeta sobre los inicios del proyecto universitario en Puerto Montt.
Las primeras bateas fueron fabricadas en madera, los sistemas de incubación se improvisaban con mallas y estructuras construidas por los propios alumnos, y buena parte del trabajo se realizaba en terreno, bajo lluvia y bajas temperaturas. Para Berroeta, la formación debía ser necesariamente práctica y basada en la experiencia directa.
Ese enfoque terminó marcando a muchos de sus estudiantes, varios de los cuales posteriormente desarrollaron trayectorias destacadas en distintos ámbitos profesionales vinculados al sur de Chile. Entre ellos menciona a Hugo Cajas, quien años más tarde alcanzaría reconocimiento en la salmonicultura nacional tras participar en importantes proyectos de desarrollo productivo y técnico en la industria, además de Marco Morales, Fernando Manubens y otros ex alumnos que, según recuerda, sobresalían por su capacidad para resolver problemas en terreno y adaptarse a contextos muy diversos. Para Berroeta, esa formación práctica e integral les permitió desempeñarse exitosamente no solo en acuicultura, sino también en áreas tan distintas como el turismo, la gastronomía y otros sectores productivos.

Paralelamente, Berroeta participó junto a Alfonso Muena en uno de los primeros estudios técnicos impulsados por el Gobierno Regional, a través de la Secretaría Regional de Planificación y Coordinación (Serplac), destinado a evaluar sectores aptos para el cultivo de salmones, mitílidos y ostras en la zona sur austral. El trabajo contempló el análisis de decenas de ubicaciones entre el seno de Reloncaví, Chiloé y sectores costeros de Hualaihué y Chaitén, en una época en que gran parte de esos territorios aún carecía de conectividad terrestre.
La piscicultura de Ayacara
A partir de ese trabajo de prospección, Berroeta fue convocado para evaluar un nuevo proyecto acuícola en el sur austral, esta vez en Ayacara. Hasta esa localidad llegó luego de ser contactado por el entonces alcalde de Chaitén, Pietro Bastasin, quien conoció el estudio presentado ante autoridades regionales y decidió solicitar apoyo para impulsar una piscicultura en la zona. Aunque hasta entonces Berroeta apenas ubicaba Ayacara en el mapa, aceptó viajar para inspeccionar el sector y analizar las condiciones del río propuesto para el proyecto.
“Llegamos en una avioneta y luego me llevaron a conocer el río donde querían instalar la piscicultura. Era un río donde antiguamente se sacaba oro, muy bonito, con agua cristalina y presencia de peces, así que las condiciones parecían buenas. Me instalé allá junto a Eugenio Yokota para revisar el lugar y finalmente concluimos que sí se podía desarrollar el proyecto. Me acuerdo que hacía tanto frío que la pieza amanecía escarchada por dentro; uno pasaba la uña por la pared y era hielo”, recuerda Fernando Berroeta sobre su visita a Ayacara.

Años más tarde, Berroeta también impulsó la incorporación de investigadores especializados al desarrollo académico y técnico de la acuicultura en Puerto Montt. Entre ellos menciona a Fernando Jara y Doris Soto, a quienes buscó vincular mediante proyectos de investigación que permitieran fortalecer el trabajo científico en la zona y generar capacidades permanentes en la universidad.
“Yo no podía traer investigadores de ese nivel solamente para hacer clases. Había que generar proyectos atractivos para que pudieran instalarse y desarrollar investigación acá. Ahí conversé con Alfonso Muena y surgió la idea de impulsar un estudio en el lago Llanquihue, trabajo que posteriormente lideró Doris Soto y que tuvo bastante reconocimiento”, recuerda.