Adaptación: Desafíos ambientales para la mitilicultura
Un workshop organizado por el Instituto Milenio SECOS en Puerto Montt analizó cómo la variabilidad oceanográfica, la disponibilidad de semillas y los eventos extremos están reconfigurando las condiciones productivas de la mitilicultura.
El cultivo de chorito en el sur de Chile enfrenta un escenario productivo condicionado por cambios ambientales asociados al cambio climático, que hoy inciden de manera directa en la operación de la industria. Variaciones en temperatura, salinidad y régimen de precipitaciones, junto con una mayor frecuencia de eventos extremos, están influyendo en procesos clave como la captación de semillas, la planificación espacial de los cultivos y la estabilidad de los sistemas productivos.
Este escenario fue el eje del workshop “Oceanografía para un Futuro Cambiante: Eventos Extremos, Acuicultura de Moluscos e Interdisciplina”, realizado los días 11 y 12 de diciembre en Puerto Montt, instancia organizada por el Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS). El encuentro abordó cómo fenómenos como las olas de calor marinas, la hipoxia costera, la acidificación y los eventos extremos están afectando la productividad y sostenibilidad del cultivo de moluscos, tanto en el norte del país, con el ostión, como en el sur, con el chorito.

Durante la actividad se analizaron las capacidades de la oceanografía para anticipar riesgos ambientales, se compartió conocimiento sobre las principales zonas productoras y se discutió el uso de tecnologías de monitoreo, como boyas y observación satelital, aplicadas a la toma de decisiones productivas. El programa reunió a investigadores y representantes de la industria mitilicultora en variabilidad ambiental, monitoreo oceanográfico, gestión de cultivos, respuesta fisiológica de organismos cultivados frente a eventos extremos, y resiliencia e innovación ante un escenario ambiental cambiante.
Desde la organización, el investigador del Instituto Milenio SECOS y profesor titular de la Universidad de Concepción, Cristian Vargas, valoró la convocatoria del workshop como un paso relevante para ampliar la escala del diálogo entre ciencia e industria. Explicó que, si bien SECOS ha desarrollado previamente instancias de trabajo con mitilicultores y ostioneros en territorios específicos, esta fue la primera vez que se logró reunir, en un mismo espacio, a actores del norte y sur del país, permitiendo contrastar realidades productivas, escalas espaciales y prioridades sectoriales. En ese sentido, destacó que la diversidad territorial y cultural de los sistemas de cultivo de moluscos en Chile vuelve especialmente pertinente avanzar en análisis comparativos y en la identificación de desafíos comunes, particularmente frente a escenarios ambientales cada vez más variables.

En esa línea, Vargas subrayó el valor estratégico de la coproducción de conocimiento como eje del trabajo del Instituto Milenio SECOS. “Hoy existe suficiente información científica para anticipar escenarios y apoyar la toma de decisiones en la acuicultura de moluscos. El desafío no es esperar más evidencia, sino fortalecer el vínculo entre academia e industria para traducir ese conocimiento en decisiones oportunas. Desde SECOS promovemos la coproducción de conocimiento, integrando evidencia científica con el saber de los actores productivos y territoriales, como base para avanzar hacia sistemas de cultivo más adaptables y resilientes frente a la variabilidad ambiental”, indicó.
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Las presentaciones del workshop abordaron de manera integrada la relación entre oceanografía, variabilidad ambiental y producción de moluscos, con énfasis en herramientas de observación aplicadas a la toma de decisiones. Se expusieron experiencias de monitoreo continuo de variables físicas y biogeoquímicas en zonas de cultivo del sur y norte de Chile, incluyendo series de largo plazo obtenidas mediante boyas oceanográficas, sensores de menor costo, plataformas públicas de datos y nuevas tecnologías como drones. Estos sistemas permitieron discutir el potencial de anticipar riesgos asociados a eventos extremos, floraciones algales, hipoxia y cambios en temperatura, salinidad y oxígeno, así como avanzar hacia esquemas de monitoreo más accesibles y útiles para la industria.
Asimismo, se analizaron los vínculos entre biogeoquímica, disponibilidad de alimento y procesos productivos, destacando el rol del aporte de agua dulce en fiordos del sur y su efecto sobre el sistema de carbonato, la calcificación y el crecimiento de los mitílidos. Un eje central fue el desafío estructural de la disponibilidad de semillas de chorito, abordado desde la influencia del clima, la variabilidad ambiental de gran escala y la adaptación fisiológica de las poblaciones. Las exposiciones mostraron que la tolerancia y sobrevivencia de las semillas varían según su origen ambiental, abriendo oportunidades para una selección más informada de sitios de captación y engorda. En conjunto, las charlas coincidieron en la necesidad de traducir el conocimiento científico existente en herramientas operativas, como sistemas de alerta y semáforos ambientales, que fortalezcan la resiliencia productiva de la mitilicultura frente a escenarios de mayor incertidumbre climática.
La disponibilidad de semillas
La disponibilidad de semillas de chorito se ha consolidado como uno de los principales focos de tensión para la mitilicultura en la Patagonia norte. La evidencia presentada durante el workshop mostró que la captación depende de un equilibrio delicado entre procesos oceanográficos, aportes de agua dulce y el nivel de presión productiva ejercida sobre fiordos y estuarios que cumplen un rol estructural como áreas fuente de larvas.En su exposición, el investigador Carlos Molinet subrayó la relevancia de los aportes de agua dulce en sistemas como el fiordo Reloncaví, donde la descarga fluvial influye directamente en la distribución larval, la configuración de los bancos naturales y la interacción competitiva entre especies. La disminución progresiva de estos aportes, asociada a cambios climáticos y a una mayor variabilidad hidrológica, está modificando condiciones que históricamente han favorecido una captación eficiente desde el ambiente natural.

A este escenario se suma la presión creciente sobre zonas de captación intensiva. Molinet advirtió que la concentración de colectores y líneas de cultivo en determinados fiordos introduce interferencias físicas y ecológicas que pueden afectar el asentamiento larval en los bancos naturales. En ese contexto, planteó la ausencia de herramientas operativas que permitan evaluar de manera sistemática la magnitud de dicha presión y su compatibilidad con la mantención de los procesos que sostienen la producción en el largo plazo:
“El principal fiordo donde actualmente se concentra la captación de semillas presenta un uso intensivo tanto para la captación como para la mitilicultura, sin que exista un indicador cuantitativo que permita evaluar esa presión ni su efecto sobre el funcionamiento del sistema”.
Durante la discusión posterior, el intercambio con el público profundizó estas preocupaciones, especialmente en relación con las pérdidas de semillas en las etapas iniciales del ciclo productivo y con la dificultad de estimar qué proporción del potencial larval generado por los bancos naturales logra efectivamente asentarse y sobrevivir. La conversación puso en evidencia limitaciones relevantes en los sistemas de información disponibles, así como la necesidad de avanzar en marcos de análisis compartidos que permitan interpretar estos procesos en contextos de alta variabilidad ambiental.
En ese marco, Molinet abordó la noción de eficiencia desde una perspectiva crítica, distinguiendo entre captación inicial y sobrevivencia efectiva. “Si bien se ha avanzado en mejorar la eficiencia de captación, el principal cuello de botella se produce en las etapas tempranas del ciclo: la fijación ocurre en torno a las 500 micras, mientras que la cosecha se realiza en tamaños de 10 a 15 milímetros, y en ese intervalo se registra una mortalidad cercana al 90% de la semilla”.
Mirada desde la industria

Desde la perspectiva productiva, Claudio Mansilla, subgerente de Cultivo de Camanchaca Cultivos Sur, destacó que comprender las dinámicas ambientales locales se ha vuelto un insumo necesario para la toma de decisiones. “El cambio climático para el cultivo de moluscos es un tema desafiante y cada vez debemos ir entendiendo mejor qué es lo que está ocurriendo en el mar, y sobre todo en los lugares donde cultivamos”, indicó.
Mansilla subrayó que, si bien existe una creciente conciencia ambiental en la industria. “El cultivo de moluscos se desarrolla en un marco productivo que requiere condiciones económicas viables. En ese contexto, existe también un compromiso por resguardar las áreas de cultivo y aplicar modelos de gestión que permitan, al menos, sostener las condiciones ambientales necesarias para la proyección de la actividad”.
Uno de los puntos críticos identificados por la industria es la disponibilidad de semillas. “La disponibilidad de semillas presenta un grado estructural de incertidumbre y no responde a dinámicas fácilmente predecibles. Actualmente existe mayor evidencia de que fenómenos como El Niño y otras variaciones climáticas están incidiendo en estos procesos, un factor que hace una o dos décadas no formaba parte del análisis productivo”.
Frente a este escenario, las estrategias de adaptación han sido progresivas y acotadas por las condiciones del negocio. Entre ellas, Mansilla destacó la incorporación de certificaciones ambientales, acuerdos de producción limpia y protocolos exigidos por mercados internacionales, junto con una mayor vinculación con la investigación aplicada. “Falta vincularnos mejor y transformar esto en ciencia aplicada. Estos espacios son un primer contacto para avanzar en ese sentido”.

Desde el ámbito operativo, Enrique Palou Venegas, jefe de Área Cultivos de Camanchaca Cultivos Sur, coincidió en que la investigación presentada en el workshop apunta a responder problemáticas productivas concretas, particularmente en lo relativo a la obtención de semillas bajo escenarios climáticos más variables.
“Nos damos cuenta de que la investigación se está orientando hacia la situación productiva. La idea es poder llegar a modelar situaciones que nos entreguen información útil para la toma de decisiones”.
En términos prácticos, Palou explicó que una de las principales medidas implementadas ha sido la diversificación territorial. “La estrategia productiva ha estado orientada a la diversificación espacial de los sitios de instalación de colectores, con el objetivo de reducir el riesgo asociado a la captación de semillas”.
Ambos representantes coincidieron en que, si bien la industria ha incorporado tecnología y adaptado herramientas provenientes del extranjero, la baja rentabilidad estructural de la mitilicultura limita la velocidad con que pueden implementarse soluciones más sofisticadas de monitoreo y control.
Coincidencias y brechas identificadas

La jornada final del workshop incluyó una actividad participativa orientada a identificar qué áreas debieran ser priorizadas para fortalecer la industria del cultivo de moluscos en Chile. En el ejercicio, los asistentes, principalmente representantes de la industria y de la academia, trabajaron en grupos y distribuyeron un presupuesto simbólico entre distintos indicadores asociados a cinco ámbitos: conocimiento; tecnología e infraestructura; recursos humanos; finanzas; y gestión y políticas.
El resultado del ejercicio mostró una priorización marcada del ámbito Conocimiento, particularmente en indicadores vinculados a la dinámica de semillas, la oceanografía física y química, la disponibilidad de alimento, la capacidad de carga y otros procesos ambientales que inciden directamente en la producción. Esta asignación reflejó la percepción de brechas en la comprensión de factores ambientales y biológicos relevantes para el desempeño productivo del sector.
La investigadora postdoctoral del Instituto Milenio SECOS y de la Universidad de Concepción, Nicole Castillo, explicó que la dinámica permitió recoger de manera estructurada las preocupaciones y necesidades compartidas por los distintos actores participantes:“La actividad participativa permitió identificar, desde la percepción de los actores del sector, las principales áreas que requieren ser priorizadas
Según indicó la investigadora, junto al conocimiento también emergieron como áreas relevantes la tecnología, la infraestructura, el capital humano y la gestión, dando cuenta de que los desafíos identificados por los participantes responden a múltiples dimensiones del sistema productivo y a la necesidad de comprender mejor el entorno ambiental en el que se desarrolla la actividad.