Entrevista

Dr. Rolando Vega recuerda cómo. la academia acompañó el nacimiento de la salmonicultura chilena

El académico de la Universidad Católica de Temuco repasó el origen de una de las primeras carreras de Acuicultura del país, el rol de la Piscicultura Lautaro y cómo la formación de profesionales avanzó en paralelo al desarrollo de la industria salmonicultora.

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La historia de la salmonicultura chilena también estuvo acompañada por quienes, desde la academia, comprendieron tempranamente que una industria naciente necesitaría profesionales, investigación y conocimiento para sostener su crecimiento. Rolando Vega fue uno de ellos.

Biólogo marino de la primera generación formada por la Universidad de Concepción, inició su carrera profesional a mediados de la década de 1970 como académico de la entonces sede Temuco de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Desde allí comenzó a llevar a sus estudiantes hasta la Piscicultura Lautaro, instalación fundada en 1914 que había abastecido históricamente programas de siembra de salmónidos y acumulaba décadas de experiencia técnica.

“La Piscicultura Lautaro era la gran piscicultura operativa de Chile y la maternidad de la salmonicultura”, recuerda. “Ahí se mantenía una experiencia que venía desde principios del siglo pasado. Había infraestructura modernizada, sistemas de incubación que habían evolucionado con los años y, sobre todo, personas, como Don Arturo Pino, que habían heredado ese conocimiento generación tras generación”.

Cuando su administración pasó desde el Estado a la Municipalidad de Lautaro, la Universidad asumió posteriormente su gestión y Vega transformó el recinto en la Estación Experimental Piscicultura Lautaro. Además de continuar con la producción de alevines para programas de repoblamiento y pesca recreativa, se convirtió en un espacio para docencia e investigación.

Mientras la salmonicultura comenzaba a expandirse en el sur de Chile, surgió también la necesidad de formar profesionales especializados. En ese contexto, la entonces sede Temuco apostó por crear una carrera que en aquel momento todavía parecía poco convencional: Acuicultura.

“Nosotros íbamos en paralelo con la industria”, afirma. “Mientras las empresas comenzaban a consolidarse, nosotros entendíamos que también había que formar a las personas que iban a trabajar en ellas y particularmente, exportar profesionales desde la región de la Araucanía hacia el sur

Así, en 1988 nació la carrera de Técnico en Acuicultura en Temuco, que dos años más tarde, con la creación de la Universidad Católica de Temuco, evolucionaría hacia Ingeniería en Acuicultura.

“Fuimos pioneros porque apostamos al crecimiento de la acuicultura cuando todavía no era evidente hacia dónde iba”, sostiene. “Lo que teníamos aquí era un patrimonio enorme, representado por la Piscicultura Lautaro y toda la experiencia acumulada durante décadas. Sentíamos que había que poner ese conocimiento al servicio de una industria que recién estaba

comenzando”.

Ciencia, investigación y legado.

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La formación profesional fue acompañada por el desarrollo de capacidades científicas. La Universidad Católica de Temuco consolidó un equipo académico que desarrolló investigaciones en cultivo de peces, reproducción, ciencias ambientales, nutrición y alimentación, mientras fortalecía la especialización de sus profesores en países como Noruega, Escocia, Estados Unidos y España.

Vega también impulsó la creación de la Sociedad Chilena de Acuicultura, surgida durante un congreso nacional de la especialidad realizado en Temuco en 2009, convirtiéndose en su primer presidente.

A medida que crecía la actividad, también se estrechó la relación entre universidad y empresas. Parte de los proyectos de investigación se desarrollaron junto al sector productivo y abordaron, entre otras materias, el cultivo de especies como puye, congrio colorado y arctic charr.

“Los proyectos prácticamente siempre tenían participación de empresas”, señala. “Había una relación muy estrecha porque las investigaciones respondían a necesidades concretas del sector. Esa vinculación permitió avanzar mucho más rápido”. Con el paso de los años, muchos de los estudiantes formados en ese periodo pasaron a desempeñarse como gerentes, jefes de área, investigadores y profesionales especializados en empresas y organismos públicos.

Tras cuatro décadas como académico, Vega dejó la ac- tividad docente permanente, aunque continúa ligado a investiga- ciones, publicaciones científicas y asesorías. En el marco de los 50 años de la salmonicultura chilena, recibió además un recono- cimiento de Mundo Acuícola, que interpreta como un homenaje al aporte de las universidades al desarrollo de la actividad.

“Cuando la industria reconoce a una persona como yo, también está reconociendo el trabajo que hicieron las Universi- dades”, reflexiona. “Porque detrás de cada empresa hay técnicos, ingenieros, investigadores y profesionales que en algún momento fueron formados en las salas de clases”.

“La industria necesitaba personas preparadas para cre- cer”, concluye. “Nosotros simplemente apostamos por formarlas cuando todavía muy pocos imaginaban la dimensión que alcanza- ría la Acuicultura chilena