50 años de la salmonicultura

Pablo Aguilera: entre la investigación y el nacimiento de la industria del salmón en Chile

Mundo Acuícola conversó con el ingeniero pesquero Pablo Aguilera, quien participó en los primeros programas de introducción de salmones del Pacífico en el sur de Chile y posteriormente en el desarrollo inicial de la industria salmonicultora nacional, tanto desde el ámbito público como privado.
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Ingeniero pesquero formado en la Universidad Católica de Valparaíso, Pablo Aguilera (80) pertenece a la generación de profesionales que participó en los primeros pasos de la salmonicultura en Chile, cuando el cultivo de salmones en el hemisferio sur era todavía una hipótesis experimental. Su historia profesional comienza a fines de los años sesenta en la provincia de Aysén, donde trabajaba en la División de Pesca y Caza del Servicio Agrícola y Ganadero.

Desde Puerto Aysén debía recorrer el Archipiélago, de la entonces Provincia, registrando y fiscalizando la actividad pesquera artesanal e industrial, junto con la pesca deportiva en aguas interiores y participando en los programas de repoblamiento y propagación de especies salmonídeas que llevaba a efecto el SAG. En ese contexto desarrolló una de sus primeras experiencias vinculadas a la acuicultura. En 1968 lideró la introducción de trucha arcoíris en el lago Pollux, utilizando alevines provenientes de la piscicultura de Lautaro, realizando el primer transporte aéreo de peces en Chile.

“En esa época no había alimento ni infraestructura. Los peces los mantuvimos en estanques de tierra y los alimentábamos con hígado y harina de trigo. Todo era muy artesanal”, recuerda.

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Al año siguiente, mientras trabajaba en Aysén, se produjo un hecho que marcaría su trayectoria. En 1969 llegó a Chile una misión técnica japonesa interesada en evaluar la posibilidad de introducir salmones del Pacífico en el extremo sur del país. Aguilera fue designado como contraparte local y durante varios meses recorrió con los especialistas japoneses distintos ríos y lagos desde Aysén hasta Magallanes.

“Estuvimos varios meses revisando caudales, temperaturas y accesos. Había que ver si realmente existían condiciones para un proyecto salmonero. Finalmente, se concluyó que Coyhaique ofrecía la mejor combinación de infraestructura y condiciones ambientales”, explica.

Como parte de ese proceso, en 1970 viajó a Japón para capacitarse en cultivo de salmones en Hokkaido. La experiencia fue decisiva. “En Chile habíamos avanzado de manera bastante autodidacta, pero en Japón vimos técnicas mucho más desarrolladas de incubación y manejo. Eso cambió completamente nuestra perspectiva”.

Tras su regreso, en 1972 comenzaron las primeras pruebas asociadas al programa de cooperación técnica entre Chile y Japón para la introducción del salmón del Pacífico. En esos años el enfoque principal no era todavía el cultivo intensivo, sino el desarrollo de programas de ranching, es decir, la producción de juveniles en piscicultura para su posterior liberación en ríos con el objetivo de generar retornos de adultos.

Este programa derivó posteriormente en la construcción de la piscicultura de Coyhaique “Dr. Shiraishi”, una de las instalaciones emblemáticas de la cooperación entre ambos países y un punto de formación para varios de los profesionales que más tarde participarían en el desarrollo de la industria.

A mediados de los años ochenta, Aguilera dejó la Dirección Regional XI Región de Sernapesca y la jefatura del Proyecto de Introducción de Salmón del Pacífico, para hacerse cargo de la Gerencia de Producción de Mares Australes.

“Era una época muy formativa y desafiante. No había proveedores especializados, no había alimento balanceado para peces ni plantas de proceso. Muchas veces teníamos que mandar a fabricar el alimento en plantas del centro del país que hacían comida para animales. Nosotros llevábamos las fórmulas y algunos ingredientes específicos y ellos nos confeccionaban el pellet”, recuerda.

Hacia fines de los años ochenta participó en la creación de AquaChile, junto a otros profesionales del sector, entre ellos Víctor Hugo Puchi y Mario Puchi. La sociedad se constituyó en 1988 y comenzó a operar en 1989.

En sus primeros años, la empresa se especializó en la producción de alevines y smolts bajo un modelo de maquila para distintas compañías salmonicultoras. La operación se apoyaba en la piscicultura Agua Buena y en centros de cultivo en lagos del sur. Entre ellos, instalaciones en Puerto Octay y Puerto Fonck (Lago Llanquihue), donde se utilizaron jaulas en lago para continuar el crecimiento de los peces.

En esa etapa, la empresa estaba enfocada principalmente en la producción de smolts en agua dulce y venta de ovas de Salmo salar cepa Mowi provenientes de Fanad, Irlanda, por lo que todavía no participaba directamente en la fase de engorda y cosecha en el mar. Sin embargo, al integrarse al circuito productivo de la industria, Aguilera recuerda con claridad las condiciones en que se realizaban muchas de las operaciones en aquellos años.

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Pablo Aguilera Marín

Las jaulas utilizadas eran mayoritariamente de madera y gran parte del trabajo se realizaba de manera manual. “Las jaulas eran de madera y todo era mucho más precario que ahora. La cosecha se hacía achicando la jaula, sacando los peces sedándolos y desangrándolos en el mismo centro”, relata.

El transporte también era muy distinto al actual. “Después se llevaban en cajones de madera con hielo y se cargaban en camiones abiertos para llevarlos a distintas plantas. Era otra industria”, recuerda.

En contraste con esas instalaciones más rudimentarias, Aguilera recuerda que algunas de las primeras experiencias con estructuras más modernas comenzaron a aparecer en esa misma época. “Me acuerdo que en Codihué, cercano a Pargua, Mares Australes tenía un tren de jaulas metálicas noruegas, las primeras en Chile galvanizadas en caliente lo que para nosotros en ese momento era todo un adelanto tecnológico”, comenta.

Con el crecimiento de la actividad, la empresa comenzó a integrarse hacia otras etapas del proceso productivo. Durante los años noventa se desarrolló la planta de proceso Salmopack, orientada al procesamiento y empaque de salmones, lo que permitió ofrecer servicios a distintos productores y mejorar la logística de exportación.

Posteriormente, la compañía avanzó también hacia programas de selección de reproductores y el desarrollo de unidades propias en agua de mar, consolidando gradualmente un modelo productivo más integrado, esto al fusionarse con uno de sus clientes.

Décadas después, el aporte de Aguilera al desarrollo temprano de la salmonicultura chilena y a la cooperación técnica entre Chile y Japón fue reconocido oficialmente por el gobierno japonés. En 2011 recibió la condecoración Orden del Sol Naciente con Rayos Dorados y Roseta, otorgada por el Emperador de Japón en reconocimiento a su contribución al fortalecimiento de los vínculos entre ambos países y al desarrollo de la acuicultura del salmón.

Mirando en retrospectiva, Aguilera sostiene que el desarrollo de la salmonicultura chilena fue el resultado de un largo proceso de aprendizaje técnico, en una época en que prácticamente todo estaba por desarrollarse.

“Nos tocó aprender haciendo, tuvimos que aprender de nutrición, enfermedades, etc, etc. No había manuales, no había proveedores especializados, no había experiencia previa. Cada etapa -desde la alimentación hasta el transporte o el procesamiento- se fue resolviendo con ensayo y error”, recuerda.

A su juicio, uno de los principales activos que dejó ese período fue la formación de capital humano que luego impulsó el crecimiento de la industria durante las décadas siguientes.

“Muchos de los que estuvimos en esos proyectos iniciales después pasamos a la actividad privada y seguimos desarrollando el cultivo. Ese conocimiento acumulado fue lo que permitió que la salmonicultura chilena creciera con tanta fuerza”, concluye.

Ricardo Álvarez G.