Columna de opinión

50 años de la salmonicultura en Chile:

Evolución y relevancia estratégica, un viaje de desafíos y pasión que también es parte de mi vida

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Primera prueba hidráulica de la Piscicultura Experimental Lago Rupanco de la U. Lagos, verano de 1982. En la imagen, Alberto Medina Aguilera, estudiante tesista (izquierda), y Juan Carlos Uribe Barichivich, académico de cultivo de peces y director del proyecto (derecha). Ambos ingenieros en Acuicultura.

Este año se cumplen 50 años desde que comenzaron a gestarse en Chile las primeras iniciativas productivas que darían origen a lo que hoy conocemos como la salmonicultura. Para muchos puede ser solo una cifra o un aniversario más dentro de la historia productiva del país. Para quienes hemos dedicado gran parte de nuestra vida a la acuicultura, sin embargo, estos 50 años representan mucho más: son décadas de aprendizaje, desafíos, esfuerzo colectivo y una profunda pasión por desarrollar una actividad que hoy es fundamental y estratégica para Chile.

Cuando miro hacia atrás, resulta impresionante observar cómo una actividad que en sus inicios parecía casi experimental, marcada por la curiosidad científica, el trabajo en terreno y no pocas incertidumbres, logró transformarse en una industria estratégica para el país y en un motor de desarrollo para la macro región sur austral.

Hoy Chile es el segundo productor mundial de salmón, y la salmonicultura se ha consolidado como el segundo sector exportador más importante del país después del cobre. Pero más allá de los números, lo verdaderamente significativo es el impacto que esta actividad ha tenido en los territorios: generación de empleo, desarrollo regional, innovación científica y tecnológica, y oportunidades para miles de familias del sur de Chile.

Nada de esto ocurrió de manera espontánea. Ha sido el resultado de décadas de trabajo conjunto entre el sector público, el sector privado, las universidades, los centros de investigación y, sobre todo, muchas personas que creyeron que era posible desarrollar en Chile una acuicultura moderna y competitiva.

En ese camino, la Universidad de Los Lagos, heredera de la antigua sede Osorno de la Universidad de Chile y posteriormente del Instituto Profesional de Osorno, ha tenido un rol que me parece importante destacar. Su contribución comenzó incluso antes de que la salmonicultura se iniciara como industria en el país.

En 1972 se crea la carrera de Recursos Marinos, orientada a la formación de profesionales en la explotación de los recursos acuáticos. En 1975 se redefine como Ingeniería (E) en Acuicultura, y en 1982 se consolidan los programas de Ingeniería en Acuicultura y Técnico Universitario en Acuicultura. Más recientemente, en 2024, esta trayectoria académica evoluciona hacia Ingeniería en Acuicultura Sostenible, reflejando los nuevos desafíos que enfrenta el sector.

Junto con la formación de capital humano, también se impulsaron importantes iniciativas de investigación y desarrollo. Entre ellas destacan el diseño y la construcción de la Piscicultura Experimental del Lago Rupanco, creada en 1982, y el Centro Experimental de Acuicultura y Ciencias del Mar de Punta Metri, en 1983. Estos espacios se transformaron en verdaderos laboratorios naturales para la investigación básica y aplicada, y en lugares de formación para generaciones de estudiantes y profesionales que hoy trabajan en la acuicultura chilena y en distintos lugares del mundo.

Desde estos centros se desarrollaron aportes científicos y tecnológicos que contribuyeron directamente al crecimiento de la industria. Entre ellos, el desarrollo de metodologías para la producción de ovas libres de BKD, estudios sobre esmoltificación y su manejo mediante temperatura y fotoperiodo, investigaciones en nutrición utilizando insumos agrícolas nacionales, el manejo de maduros precoces, así como la optimización de los ciclos productivos en agua dulce y mar de especies como el salmón coho, la trucha, el salmón chinook y el salmón del Atlántico.

También se exploraron nuevas líneas como el uso de lagos como reservorios multitérmicos, la integración entre acuicultura, agricultura y procesos de biorremediación, la diversificación hacia otras especies, como esturión, turbot, congrios, corvina, róbalo, pejerrey y puye, y el desarrollo de la pesca recreativa.

Este trabajo científico no se realizó de manera aislada. A lo largo de estas décadas se construyeron redes de colaboración entre instituciones públicas como Subpesca, Sernapesca, Armada de Chile, Conicyt-Anid, Gores, municipalidades, DGA, SMA y Corfo; el sector privado, con más de 300 acciones de colaboración con empresas; y diversos centros de investigación nacionales e internacionales, entre ellos Oregon State University, IFREMER, UBO, IFS y Harper Adams University, además de universidades chilenas (UCH, UACH, UCV, UCVN) y organismos como IFOP y FCH.

En lo personal, haber tenido la oportunidad de participar desde los inicios en este proceso ha sido un privilegio y una bendición que agradezco profundamente. Han sido años de investigación, docencia, trabajo en terreno, formación de profesionales, creación de iniciativas y participación en espacios de reflexión sobre el desarrollo del sector.

No ha sido un camino fácil. Como todo proceso pionero, ha estado lleno de desafíos, de preguntas sin respuestas inmediatas y de grandes exigencias en lo profesional, lo intelectual e incluso en lo personal. Pero también ha sido una experiencia extraordinariamente enriquecedora, que me ha permitido ver cómo una idea que parecía lejana se fue transformando con el tiempo en una realidad que hoy tiene un impacto a nivel global.

Mirando hacia el futuro, el desafío es avanzar hacia una salmonicultura cada vez más sostenible, capaz de generar valor económico, social y ambiental de manera equilibrada. Para ello, la formación de capital humano, la investigación y la innovación seguirán siendo pilares fundamentales.

Si observamos este proceso en perspectiva histórica, lo que estamos viviendo es un fenómeno cultural no menor. Hace unos 10.000 años, la humanidad dio un paso decisivo al pasar de ser cazadora-recolectora a convertirse en agricultora. Hoy, en el ámbito acuático, estamos viviendo una transición similar: el paso desde la captura-recolección hacia el cultivo de especies acuáticas.

En ese contexto, Chile no solo ha desarrollado una industria exitosa. También ha contribuido a consolidar una actividad estratégica para ser un país “potencia alimentaria” a nivel mundial. Y quienes hemos tenido la fortuna de participar en este proceso sabemos que, más que una industria, la salmonicultura ha sido y seguirá siendo una historia de cambio cultural, visión, conocimiento, trabajo colectivo y una profunda conexión con la naturaleza de la macrozona sur de Chile.

Alberto Medina Aguilera, Ingeniero en Acuicultura
Departamento de Acuicultura y Recursos Agroalimentarios Universidad de Los Lagos