Salmonicultura

ATC Patagonia de BioMar: Evaluación de dietas, materias primas y desempeño productivo

Mundo Acuícola visitó en Lenca el Aquaculture Technology Center (ATC) Patagonia, instalación que BioMar integra a su red global de I+D para ejecutar ensayos en salmón Atlántico, trucha arcoíris y salmón Coho bajo condiciones productivas locales.

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El Aquaculture Technology Center (ATC) Patagonia —desarrollado bajo un esquema conjunto entre AquaChile y BioMar— contempla más de 2.000 m² construidos a orillas del río Lenca (Puerto Montt) y fue concebido como una infraestructura destinada a la ejecución de bioensayos en condiciones controladas. La instalación cuenta con áreas de recepción y cuarentena, zonas especializadas para pruebas a distinta escala y espacios habilitados para reuniones técnicas y capacitaciones.

La capacidad instalada del ATC Patagonia permite desarrollar más de 15 ensayos al año, tanto en agua dulce como en agua de mar, distribuidos en sistemas autónomos que aseguran control sanitario y experimental entre pruebas. Desde estas instalaciones la compañía ejecuta bioensayos orientados a salud, digestibilidad y desempeño productivo en salmón Atlántico, trucha arcoíris y salmón Coho, validando bajo condiciones locales desarrollos que forman parte de su estrategia internacional.

Nicolás Macaya, jefe de Bioensayos, y Eloísa Moreno, coordinadora de Bioensayos en ATC Patagonia, explicaron a Mundo Acuícola que el centro no funciona como una unidad aislada, sino como parte del departamento global de I+D de BioMar, cuya base científica se encuentra en Dinamarca y Noruega.

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“Nosotros participamos activamente en los proyectos, revisamos protocolos, discutimos resultados y reportamos mensualmente lo que ocurre acá y en otros centros. Las soluciones se construyen entre todos”, señaló Nicolás.

Actualmente, el área de I+D global cuenta con cerca de 30 científicos en Trondheim, Noruega, y cerca de 100 profesionales a cargo de centros experimentales en Letsea (Noruega), Hirtshals (Dinamarca), Guayaquil (Ecuador, especializado en camarones) y Chile.

Un modelo compartido con capacidad definida

El centro opera bajo un acuerdo que permite a BioMar utilizar el 30% de la capacidad total del recinto. En la práctica, la compañía dispone de seis sistemas dentro de una infraestructura compartida con AquaChile, pero con protocolos y diseños experimentales diferenciados.

Estos sistemas permiten controlar temperatura, oxígeno, pH, flujo y fotoperiodo, además de operar con agua de mar, dulce o estuarina según los requerimientos de cada ensayo. El recinto también cuenta con laboratorios equipados para el procesamiento de muestras, incluyendo liofilizadores y sistemas de almacenamiento en frío.

“Tenemos la capacidad de replicar lo que ve la industria”, explicó Eloísa. “Podemos manejar temperatura, oxígeno, flujo y fotoperiodo. Esa capacidad de controlar variables es clave cuando buscamos soluciones reales”.

El centro ejecuta entre 15 y 20 ensayos finalizados por año, distribuidos entre los distintos sistemas experimentales.

Tres grandes líneas experimentales

La actividad se organiza en tres categorías principales: salud y bienestar (≈30%), digestibilidad y materias primas (≈30%) y desempeño productivo (≈30%).

En salud, los ensayos incluyen desafíos con patógenos relevantes como SRS, Tenacibaculum y Caligus, además de evaluaciones asociadas a heridas, integridad de piel y mucosa, procesos de esmoltificación y recuperación post tratamientos. Los protocolos consideran, en general, cuatro semanas de alimentación experimental y seguimientos posteriores que pueden extenderse entre 30 y 60 días, dependiendo del modelo experimental utilizado.

“La idea siempre parte desde la dieta”, indicó Nicolás. “Buscamos fortalecer al pez desde la nutrición, ya sea frente a enfermedades, procesos de transición o situaciones de estrés productivo. Todo se prueba bajo condiciones controladas”.

Los ensayos de digestibilidad constituyen la primera etapa cuando se evalúa la incorporación de una nueva materia prima. Se formulan dietas experimentales y, tras el periodo de alimentación, se recolectan fecas mediante estimulación abdominal. Las muestras son secadas y enviadas a Dinamarca para análisis estandarizados.

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“Podemos evaluar entre 40 y 50 materias primas al año”, detalló Nicolás. “Pero no solo medimos digestibilidad. También el equipo de I+D analiza disponibilidad, escalabilidad y sostenibilidad”.

Eloísa añadió que incluso con proveedores consolidados se repiten evaluaciones periódicas. “Aunque trabajemos años con el mismo proveedor, revisamos nuevamente la materia prima para asegurar que mantiene calidad y resultados. No basta con la ficha técnica”.

La tercera línea corresponde a ensayos de desempeño productivo, que generalmente se extienden por al menos ocho semanas. Este periodo permite observar diferencias en curvas de crecimiento, tasa específica de crecimiento (SGR), factor de conversión (FCR) y consumo real, considerando recuperación de alimento no ingerido.

Sostenibilidad y hoja de ruta 2030

Uno de los ejes transversales que estructura el trabajo del ATC Patagonia es el compromiso corporativo de BioMar hacia 2030. Según explicó Nicolás, la compañía busca reducir en un tercio su huella de carbono hacia ese año y utilizar un 50% de ingredientes circulares o restaurativos.

“Todas las incorporaciones de nuevas materias primas y nuevas formulaciones van con ese foco”, afirmó Nicolás. “Estamos alineados con la estrategia 2030. No cualquier ingrediente sirve: tiene que cumplir estándares de sostenibilidad, disponibilidad y viabilidad económica”.

El enfoque contempla incrementar el uso de materias primas renovables y sostenibles —incluyendo microorganismos, algas y subproductos animales— y disminuir progresivamente la dependencia de recursos marinos tradicionales.

Eloísa complementó que la evaluación también integra variables ambientales concretas. “No es solo desempeño nutricional. También consideramos huella de carbono, trazabilidad y estándares de los proveedores. Es parte de cómo se toman decisiones técnicas”.

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Antes de cada ensayo se realizan reuniones previas con científicos globales y el equipo técnico local; al finalizar, se efectúan sesiones de análisis donde se revisan resultados y oportunidades de mejora.

“Es importante que el equipo entienda qué está haciendo”, señaló Eloísa. “Muchas tareas pueden parecer mecánicas, pero cuando ven los resultados y comprenden qué variable se estaba midiendo, el trabajo adquiere sentido”.

Nicolás enfatizó que el dinamismo del modelo radica en esa interacción permanente. “Las inquietudes pueden venir desde un productor local o desde Europa. A veces son proyectos de cuatro o cinco años antes de llegar a producto comercial; otras veces son ensayos más acotados. Pero todo se conversa y se integra”.

Desde 2017, el ATC Patagonia ha ejecutado más de un centenar de ensayos, consolidándose como una plataforma de validación científica bajo condiciones productivas chilenas. En un escenario donde la salmonicultura enfrenta exigencias crecientes en desempeño, bienestar animal y sostenibilidad ambiental, el centro opera como un laboratorio conectado con la industria, donde dietas, ingredientes y protocolos se someten a verificación técnica antes de escalar.

“Somos parte de una cadena. Los científicos desarrollan ideas, nosotros las ejecutamos y validamos, y el objetivo final es que el productor tenga soluciones concretas. Esa es la lógica”, resumió Nicolás.

Ricardo Älvarez G.